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El Derecho Mercantil protege a los trabajadores!

El Derecho Mercantil protege a los trabajadores!

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A continuación, por su interés se extracta parte de la Ponencia de D. José Luis García-Pita, Catedrático de Derecho Mercantil de la Universidad de La Coruña, dada en la Facultad de Derecho el día 17 de febrero de 2006, con ocasión de la celebración de la festividad de San Raimundo de Peñafort.

Excmo. Sr. Vicerrector, Ilmo. Sr. Decano de esta Facultad de Derecho, miembros del equipo decanal, miembros del profesorado, alumnos y PAS., Sras. y Sres.

Es para mí un motivo de honda satisfacción el dirigirme a Uds. en este acto, con motivo de la festividad de San Raimundo de Peñafort; festividad de juristas y universitarios. Es, digo, un motivo de satisfacción, por la atención y deferencia que ha tenido el Sr. Decano al confiarme el encargo de pronunciar el discurso que seguidamente les dirigiré. Pero, junto a la satisfacción, he hallado, también, en la tarea que me ha sido confiada, motivos sobrados de preocupación, pues no puedo evitar el sentir sobre mis hombros el peso de la responsabilidad, al dirigir mis palabras a esta audiencia, para hablar de algo cuyo interés será —necesariamente- relativo: profundo para algunos, insignificante para otros. De una importancia trascendental en términos absolutos y cualitativos; en términos reales, si se quiere, pero —al propio tiempo- quizá no suficientemente percibida.

El Derecho Mercantil como garante de la seguridad en las transacciones comerciales y como predecesor histórico del Derecho Laboral.

El Derecho mercantil fija su atención central en los empresarios, más ciertamente no parece que con ello les haga ningún “regalo”, sino que reconoce su función social, junto con los riesgos que comporta, y ese mismo motivo- los somete a una serie de deberes profesionales, que son especialmente rigurosos y que no encuentran parangón en el ámbito de los demás ciudadanos. Pues bien; en este sentido, el Derecho Mercantil debe ser mirado como un Derecho “de” los empresarios, pero no como un Derecho “para” los empresarios; no como un agregado normativo cortado a la medida de los intereses, particulares y egoístas, de ciertos sujetos, en detrimento de otros. El Derecho Mercantil debe ser mirado desde una perspectiva parecida a la que se ha impuesto, p.e., en el moderno Derecho Administrativo: si éste sirve para proteger los derechos e intereses del ciudadano, frente a los Poderes Públicos, controlando las prerrogativas y potestades exorbitantes de la Administración… El Derecho Mercantil debe ser considerado como un Derecho que controla el correcto desarrollo de la actividad de los empresarios, protegiendo a los terceros que con ellos se relacionan… Y protegiendo especialmente —redobladamente- a aquellos terceros que, cuando tratan con los empresarios, se hallan constitutivamente situados en una posición de inferioridad: los consumidores, los inversores…. Incluso los trabajadores.
Sí, sí: no se extrañen —posiblemente alguno de los presentes habrá salido de la somnolencia que tradicionalmente producen estos actos, para decir: “¿He oído bien?… Que el Derecho mercantil protege a los trabajadores.!! ??”.

Pues, sí señor: cuando menos así fue y así pudo seguir siendo: como ya anticipé al dar inicio a esta exposición, el Derecho Mercantil es históricamente más antiguo que el Derecho Laboral, y cuando los trabajadores no tenían otra fuente de regulación que el Código Civil y una Ley de 1873, sobre trabajo de los menores… El Código de Comercio de 1885 regulaba, y —además- en términos relativamente ventajosos, la situación de los colaboradores del Comerciante y los colaboradores del Naviero.
Estableciendo un sistema de despidos por causas tasadas, más riguroso por tanto, más beneficioso para los trabajadores- que el previsto en el Código civil; el cual —por cierto- es posterior al de Comercio, respecto de los “criados y menestrales”.

Lo que pasa es que, cuando surgió el Derecho del Trabajo, en 1926, superó al Derecho Mercantil en la regulación de unas relaciones típicamente de empresa, como son las relaciones de trabajo asalariado. Lo hizo porque para el Derecho Laboral es más importante -desde el punto de vista conceptual— el Trabajador, que el Empresario, y lo hizo -es decir: superó al Derecho Mercantil en la regulación de las relaciones de trabajo asalariado- hasta el punto de no precisar; ya, del Empresario, en sentido estricto, pues es obvio que el Derecho del Trabajo ha definido al Empresario más como parte contratante, díalécticamente opuesta al Trabajador, que —propiamente- como agente económico que opera en el mercado de la producción de bienes y servicios. Por este motivo, el concepto “laboral” del Empresario, es más amplio que el concepto “mercantil”: para el Derecho Laboral es empresario el BANCO DE SANTANDER CENTRAL HISPANO, y también es empresaria Inés, Viuda de Notario y pensionista, que tiene una empleada de hogar colombiana.

Más, aunque el Derecho Mercantil no fue capaz de seguir un camino que terminó por dar nacimiento al moderno Derecho Laboral, lo que sí ha conservado el Derecho Mercantil es la regulación de los contratos y negocios jurídicos de los empresarios. En efecto; el Derecho Mercantil no es sólo Derecho estatutario; es -también- Derecho patrimonial, y -más precisamente- es Derecho de obligaciones y contratos. Y, en este sentido, nuevamente vuelve a mostrarse más beneficioso que el Derecho común, respecto de los no comerciantes: porque es el Derecho mercantil, y no el civil, el que protege las adquisiciones “a non domino” de bienes muebles y de títulos-valores, con un régimen que supera notablemente el previsto en el Código civil [arts. 85, CCO., 545, CC0. y 19, LCCH.]; es el Derecho mercantil, y no el civil, el que persigue más decididamente -y de modo más amplio que el CC.- la “laesio enormis” en los contratos, como demuestra el art. 344, CCO., que hace responsables de daños y perjuicios a los compradores y vendedores que, con mala fe, vendan o compren objetos por precios desproporcionados e injustos, causando lesión a la contraparte; es el Derecho Mercantil, y no el civil, el que hace soportar el riesgo de las cosas vendidas al Comprador, sólo a partir del momento de la entrega de la mercancía, y no -como por el contrario hace el C.C. desde el mismo momento de perfección del contrato. Por otra parte, es el Derecho mercantil de Sociedades, y no el civil, el que ha establecido un mejor equilibrio entre intereses sociales; interés de mayoría e interés de minoría, e incluso intereses “de grupo”, cuando se producen fenómenos de concentración empresarial; regulando problemas como los conflictos que pueden producirse entre tales intereses legítimos, agravando los módulos de diligencia las responsabilidades de los administradores sociales.

Partiendo de esta base, quedaría en evidencia la falacia que subyace en la estrategia, antes mencionada, de la “desmercantilización por principio” de ciertas instituciones: a veces parece -Contrato de Seguro; contrato de Agencia; régimen de la Letra de Cambio, Derecho Cooperativo- que una materia, regulada de modo unitario, se ha convenido en Derecho Común, cuando lo cierto es que ha desaparecido la regulación civil de dicha materia, por ser tan irreductiblemente empresarial [¿Quién puede imaginar un contrato de seguro sin empresario asegurador, ni empresa basada en la mutualidad de riesgos?], que no puede ser regulada sino por el Derecho de los empresarios.


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